Albert Camus:“Fue asombroso que muchos hombres que entraron en la resistencia no fueran patriotas de profesión.
Pero el patriotismo, en primer lugar, no es una profesión.
Es una manera de amar a la patria que consiste en no quererla injusta... y en decírselo”.

sábado, 14 de agosto de 2010

LA UNIDAD POPULAR






















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LA UNIDAD POPULAR
debe ser el capítulo final de la llamada república mesocrática. La Unidad Popular, a diferencia del Frente Popular que basó su proyecto en un partido de centro cumpliendo el aforismo; cambiar para que todo siga igual, estaba en otro contexto político; su fuerte eran el partido comunista y el socialista. Ambos demandaban una nueva Constitución para incorporar la asamblea del pueblo donde debía residir la soberanía y condujera su acción el traspaso del poder de los antiguos grupos dominantes a los trabajadores, al campesinado para superar el sistema burgués. Un cambio necesario y posible pero rechazado con terror por una parte importante de la ciudadanía.

El escenario natural de esta manifestación masiva fue la calle. Cada vez que había un problema motivado por la derecha, los empresarios, los comerciantes, que amenazaban o practicaban huelgas o mercado negro para proteger sus intereses, el pueblo salía a las calles a hacer una "manifestación".  Y en verdad, todo parecía un juego inocente hasta el momento que el terror mostró su cara real, es cosa de ver la fotografía que acompaña este artículo.

 Durante el tiempo que duró el gobierno de la Unidad Popular la gente se sintió dueña de las calles. El pueblo se expresó sin estar masivamente encuadrado en ideas o filosofías revolucionarias. Fue una simple y natural expansión de su alegría por el cambio y la emoción de verse acompañado en estas ansias por cientos de miles. Las masas que apoyaban a Allende estaban formadas por personas que conocían y sufrían los problemas reales pero no eran fanáticos adoctrinados del marxismo leninismo. Tan cierta es esta aseveración
que si las elecciones presidenciales hubieran ocurrido cercanas a la de parlamentarios, como ocurrió con Frei, otro hubiera sido el destino de Chile. Ya que la elección del 71 dio un 48,6% de apoyo a la Unidad Popular.

Los adversos resultados del manejo de la economía hicieron que los segmentos de la clase media que estaban en el centro político los hizo receptivos a la propaganda anticomunista; aquella de se iban a comer a los nenes. El verdadero punto de quiebre con el centro provino de la muerte, natural, de un parlamentario demócrata cristiano. La juventud demócrata cristiana propuso que Allende reconociera que el escaño pertenecía a la DC y se le entregara por secretaría. Hoy eso se hace con rezongadas y resoplos, se critica, pero si en aquella oportunidad se hubiera cedido, seríamos resultado del efecto mariposa. Luego vino el efecto cacerolazo, el efecto combatiente, el efecto revolucionario, el efecto fe en las masas, el efecto débil, ineficiente, pendenciero, efecto activismo del MIR, efecto urgencia por los cambios, el efecto acusación constitucional, efecto CODE, el efecto Patria y Libertad, efecto dinamita, efecto huelga, efecto paro, efecto obstrucción parlamentaria, efecto dominó, efecto chancho cero. Entre todos empujaron la democracia chilena al despeñadero. Allende continuaba subiendo su porcentaje de aprobación pese a las quitadas de piso de sus propias filas. No hay nada más infantil que personalizar en Allende la debacle de la UP, en Fidel Castro los males de Cuba, en el Ayatola de los males de Irán, en Pinochet los males de Chile, en Stalin de los males de la URSS. Es una táctica mediática para justificar destituciones, derrocamientos y seguirlas o repetirlas. Las responsables siempre serán las circunstancias históricas; ellas son las que eligen al hombre que necesitan para manifestarse.

Los intereses económicos y políticos había que defenderlos como fuera, aunque significara la destrucción del orden democrático y para qué cuidarlo, si del otro lado tampoco lo querían. Por eso que cuando los partidos políticos se afanan en demandar renuncias de ministros, me baja un escozor con las peores pesadillas de mi adolescencia porque las famosas interpelaciones, solamente entraban, destruye y siempre e invariablemente hacen el ridículo pero reviven mis viejos fantasmas. Algo que también me ocurre con la teoría del “desalojo”. Podré estar en desacuerdo con el gobierno de turno pero no quiero revivir reales pesadillas. No puedo sumarme a la guerrilla de desprestigios, descalificaciones, comentarios abyectos, malintencionados, porque allí está la esencia de la oligarquía, el rumor, la personalización de los errores; el cominillo de los escándalos, las noticias de sensación y de bulto, comadrerías, enredos chismes y otras naderías. Qué falta de ideas. Han tenido que buscarlas en el mercadeo. Ni una sola idea que enarbolar en bien de la nación, si no la preocupación del robo a las arcas públicas, las gorduras de una mandataria, el sancocho de la falta de liderazgo. En mis reuniones con alto gerente de una empresa me decía mientras degustábamos un plato de jamón serrano en el Pimpilimpaucha. “La presidenta no está, no existe, no se ve”. Le repliqué: ¿y para qué la quieres? ¿Para que te dé unas palmaditas en la espalda y te ayude a digerir este jamón? ¿Cuál es la idea?  ¿Decir que el poder está vacío y debemos ocuparlo?

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